Septiembre de 2026 ha registrado en España la temperatura media más alta desde que hay registros de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), que comenzaron en 1961, con un valor 3,4 grados por encima del promedio normal, un dato que el Gobierno ha vinculado directamente a la urgencia de adaptar inversiones y planificación territorial al cambio climático.
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, ha avanzado este dato en su intervención en el Foro CREO, organizado por el diario económico ‘Cinco Días’. La responsable de Transición Ecológica ha explicado que este récord confirma una tendencia de calentamiento sostenida durante las últimas décadas.
Impacto en trabajadores, agricultura y agua
Aagesen ha subrayado que estos 3,4 grados adicionales no son solo una cifra estadística. Según ha advertido, detrás de este aumento hay efectos directos sobre la vida diaria y la economía. Ha mencionado, en primer lugar, a las personas que trabajan al aire libre, especialmente en actividades que exigen esfuerzo físico continuado.
También ha citado el impacto en el sector primario y en quienes cultivan los alimentos. Ha indicado que las temperaturas más altas alteran los ciclos de los cultivos, incrementan el estrés hídrico y obligan a adaptar prácticas agrícolas y horarios laborales.
La vicepresidenta ha añadido la gestión del agua como uno de los puntos más sensibles. Ha recordado que un calor anómalo en septiembre incrementa la evapotranspiración y puede reducir la disponibilidad de recursos hídricos, lo que complica la planificación de embalses, regadíos y abastecimientos urbanos.
Además, ha incluido a las ciudades entre los ámbitos más afectados. Ha señalado que los episodios de calor elevado prolongados obligan a repensar el diseño urbano, el arbolado, las zonas de sombra, los espacios verdes y los sistemas de climatización para proteger a la población más vulnerable.
Llamamiento a integrar la adaptación climática
Por todo ello, Aagesen ha lanzado un mensaje claro sobre la necesidad de anticiparse. Ha defendido que la adaptación al cambio climático debe incorporarse de forma sistemática a las decisiones de inversión pública y privada, así como a la planificación del territorio.
‘Contribuir al futuro también significa prepararnos para unas condiciones que ya sabemos que están cambiando‘, ha afirmado. Ha insistido en que la adaptación requiere revisar infraestructuras, usos del suelo y modelos productivos teniendo en cuenta escenarios de más calor y menos disponibilidad de agua en determinados momentos del año.
Al mismo tiempo, la ministra ha recalcado que la lucha contra el cambio climático ofrece oportunidades económicas. ‘Seguir trabajando en la descarbonización, que representa una gran oportunidad. En España lo estamos viendo’, ha señalado, al vincular la reducción de emisiones con la creación de empleo y la modernización industrial.
Aagesen ha resumido esa idea con una fórmula que, según ha explicado, repite con frecuencia: ‘Siempre digo que competitividad y descarbonización son las dos caras de la misma moneda’. Con esta frase ha querido subrayar que las empresas que apuestan por tecnologías limpias y eficiencia energética pueden ganar ventaja en los mercados internacionales mientras contribuyen a reducir el calentamiento global.
Según la vicepresidenta, el récord de calor de septiembre confirma que los efectos del cambio climático ya se sienten en el día a día. Por ello, ha defendido que cada nueva evidencia de aumento de temperaturas debe servir como argumento adicional para acelerar tanto las políticas de adaptación como las de descarbonización de la economía española.

