La artrosis de cadera ya ha afectado al 5,7% de la población adulta en España, según el estudio EPISER 2021, y su frecuencia ha aumentado de forma clara con la edad, especialmente en personas con obesidad o vida sedentaria. Los especialistas recuerdan que, cuando el dolor y la pérdida de movilidad empiezan a limitar la autonomía diaria y los tratamientos conservadores dejan de funcionar, puede ser el momento de valorar una prótesis de cadera.
La artrosis de cadera, también llamada coxartrosis, se produce por un deterioro progresivo de la articulación. El dolor suele aparecer en la ingle, aunque también puede sentirse en la parte lateral de la cadera. En muchos pacientes se irradia hacia el muslo e incluso se manifiesta como dolor de rodilla, lo que puede retrasar el diagnóstico si no se estudia bien el origen.
Con el paso del tiempo, la enfermedad ha provocado rigidez y una reducción creciente de la movilidad. Estas limitaciones se notan primero en los gestos cotidianos, como girar la pierna, agacharse o permanecer mucho tiempo de pie. Además, la artrosis de cadera se ha asociado de forma clara con factores como la obesidad y el sedentarismo, que aumentan la sobrecarga sobre la articulación.
‘Una señal muy significativa aparece cuando el paciente comienza, casi sin darse cuenta, a adaptar su vida al dolor: camina menos, evita determinadas actividades, utiliza el ascensor porque subir escaleras le resulta difícil o deja de hacer cosas que antes formaban parte de su rutina’, ha señalado el jefe del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Quirónsalud Murcia, Diego Giménez.
Cuándo plantearse una prótesis de cadera
Según este especialista, la indicación de una prótesis de cadera no depende solo del desgaste que muestran las pruebas de imagen. También influye la intensidad de los síntomas, el grado de limitación funcional y el impacto real en la calidad de vida del paciente. Por tanto, dos personas con radiografías similares pueden necesitar tratamientos diferentes.
Los expertos insisten además en que cada caso debe valorarse de forma individual. Sin embargo, existen señales que pueden indicar que la artrosis ha avanzado y ha empezado a afectar de forma importante al día a día. Entre ellas se encuentra un dolor cada vez más frecuente y persistente, que aparece durante actividades habituales o incluso en reposo, sin esfuerzo aparente.
También es una advertencia la dificultad creciente para caminar determinadas distancias o permanecer de pie durante periodos prolongados. ‘También es habitual que actividades cotidianas como ponerse los zapatos o los calcetines, entrar y salir del coche, levantarse de una silla o subir y bajar escaleras resulten cada vez más difíciles. A estos síntomas puede sumarse una pérdida progresiva de movilidad y rigidez de la articulación’, ha añadido Giménez.
Antes de llegar al quirófano, el abordaje suele incluir ejercicio adaptado, fisioterapia y medidas para reducir la sobrecarga articular. Estas estrategias intentan aliviar el dolor, mantener la fuerza muscular y proteger la articulación dañada. También puede recurrirse a tratamiento farmacológico, siempre ajustado a las características y patologías previas de cada paciente.
Giménez ha apuntado que ‘cuando estas medidas dejan de controlar los síntomas y el deterioro de la articulación compromete de forma significativa la autonomía y la calidad de vida, puede plantearse una artroplastia total de cadera, intervención mediante la que se sustituyen las superficies articulares dañadas por componentes protésicos’. Esta cirugía busca reducir el dolor, mejorar la movilidad y permitir que la persona recupere en la medida de lo posible su actividad cotidiana.

