El Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría (CSM-AEP) ha pedido una estrategia nacional para detectar zonas con riesgo de plomo y controlar a los niños que viven en ellas. La propuesta llega tras hallar varios menores con niveles elevados en sangre en Los Mateos, en Cartagena (Murcia). Los especialistas la han presentado en una jornada comunitaria de la Sociedad de Pediatría del Sureste de España (SPSE) y el CSM-AEP. El encuentro se ha celebrado durante la Semana Internacional para la Prevención de la Intoxicación por Plomo 2026 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El coordinador del CSM-AEP, Juan Antonio Ortega, ha advertido de que varios casos en un mismo lugar obligan a ampliar la vigilancia. ‘Cuando aparecen varios niños de distintas familias con plomo elevado en sangre en un mismo territorio, ya no debemos preguntarnos únicamente cómo atender a esos niños. Debemos preguntarnos cuántos menores potencialmente expuestos todavía no hemos estudiado’, ha señalado.
Los pediatras han destacado que los niños son especialmente vulnerables porque su organismo y su sistema nervioso aún están en desarrollo. En línea con la OMS, han recordado que ningún nivel de exposición al plomo es seguro.
Incluso en concentraciones bajas, el plomo puede alterar el desarrollo cerebral, reducir las capacidades cognitivas y dificultar el aprendizaje. También puede causar problemas de atención y cambios de comportamiento. Además, puede afectar al crecimiento y, en ciertas circunstancias, provocar anemia o alteraciones renales. En los casos más graves, puede causar daños neurológicos severos.
Muchos menores expuestos no muestran síntomas evidentes. Por eso, la contaminación puede pasar inadvertida y prolongarse. Los especialistas consideran prioritario localizar a los niños que viven en entornos de riesgo antes de que aparezcan manifestaciones clínicas.
Mapas de riesgo y controles selectivos
El CSM-AEP propone elaborar mapas autonómicos del riesgo infantil por plomo. Para ello, plantea reunir datos sobre suelos contaminados, antiguas explotaciones mineras e industriales, actividades potencialmente emisoras y casos detectados por los servicios sanitarios.
En las zonas identificadas, los pediatras plantean incorporar análisis de plomo en sangre a los programas de salud infantil. Los controles se organizarían según el riesgo ambiental, en lugar de aplicarse de forma indiscriminada.
Si aparecen varios casos en una misma zona, la propuesta contempla ampliar la vigilancia y buscar activamente a otros menores potencialmente expuestos. Ortega ha explicado que el objetivo no es analizar a todos los niños. ‘No se trata de realizar análisis a todos los niños, sino de dejar de esperar a que aparezcan nuevos casos en lugares donde ya existen indicios de contaminación. La información ambiental debe ayudarnos a decidir dónde es necesario actuar’, ha afirmado.
La detección temprana permitiría reducir la exposición y estudiar sus posibles vías. También ayudaría a identificar y controlar las fuentes, establecer un seguimiento clínico adaptado y vigilar el desarrollo del menor. Los pediatras han subrayado que interrumpir la exposición es clave, porque los daños neurológicos no siempre son reversibles. En intoxicaciones graves, podrían ser necesarios tratamientos específicos bajo supervisión especializada.
El CSM-AEP ha señalado que la estrategia nacional cuenta con experiencias previas en la Sierra Minera de Cartagena y en Bonmatí (Cataluña). También ha pedido formar en salud medioambiental a pediatras y profesionales de Atención Primaria. La propuesta incluye definir circuitos asistenciales y disponer de, al menos, una Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica (PEHSU) de referencia en cada comunidad autónoma.

