El hallazgo de una escultura ibera de excepcional calidad en el Parque Arqueológico de Libisosa, en Lezuza (Albacete), ha aportado nuevas claves sobre la antigua ciudad y, sobre todo, ha abierto una pista decisiva para localizar y confirmar la importancia de su necrópolis, hasta ahora prácticamente desconocida pese a décadas de excavaciones.
La pieza ha aparecido en 2025 durante los trabajos arqueológicos que lidera científicamente la Universidad de Murcia (UMU) desde 2019, bajo la dirección del profesor de Historia Antigua Héctor Uroz. El descubrimiento se ha producido de manera fortuita en la excavación de un sector romano del yacimiento.
Se trata de una cabeza humana tallada en piedra caliza, esculpida en bulto redondo y de tamaño prácticamente natural. Los investigadores consideran que formó parte, probablemente, de un monumento funerario ibero de los siglos V o IV a.C., vinculado a un personaje de alto rango dentro de la comunidad.
Aunque el rostro no se conserva, el resto de la pieza presenta un excelente estado de conservación y una factura considerada de gran calidad artística. Destaca especialmente el peinado, formado por trenzas recogidas en la parte posterior y tirabuzones que caen a ambos lados de la cabeza.
Este tipo de representación permite a los especialistas deducir rasgos como el sexo, la edad aproximada o la posición social del personaje. En este caso, la forma del peinado y la representación de las orejas apuntan a la figura de un varón joven, probablemente perteneciente a una élite guerrera o dirigente.
Los romanos reutilizaron la escultura varios siglos después, en época de Augusto, como material constructivo en el muro perimetral norte del horreum, el granero del foro de la ciudad romana. Esta práctica de reaprovechar materiales antiguos encaja con lo observado en otros yacimientos de la misma época.
Un indicio clave sobre la necrópolis
Más allá de su valor artístico, los arqueólogos destacan el papel de la pieza como indicio directo de una necrópolis ibera de especial relevancia en el entorno del asentamiento. Los investigadores consideran que ese cementerio pudo convertirse con el tiempo en una auténtica cantera de materiales para las construcciones romanas posteriores.
El lugar donde se ha recuperado la cabeza permite ahora acotar espacialmente la búsqueda de ese espacio funerario y relacionar por primera vez, de forma sólida, los datos del poblado ibérico con los de su área de enterramientos. Hasta el momento no se habían producido descubrimientos significativos que permitieran localizar con precisión la necrópolis.
Actualmente solo se ha excavado alrededor del 10 por ciento del yacimiento de Libisosa, que tiene una extensión de 30 hectáreas. Por tanto, el hallazgo abre amplias posibilidades para futuras campañas de investigación y para diseñar nuevas estrategias de excavación dirigidas específicamente hacia la localización del cementerio ibero.
Por sus características y por comparación con otras esculturas iberas conocidas, los investigadores consideran que la cabeza pudo pertenecer a una figura estante o a un jinete de carácter monumental y funerario. Entre los paralelos citan piezas de la necrópolis de Los Villares, en Albacete, y de El Cigarralejo, en Mula, lo que refuerza la interpretación funeraria y elitista del conjunto.
La presencia de una escultura de este nivel confirma que en Libisosa ha existido una tradición de escultura ibera monumental y una élite social capaz de utilizar estas representaciones como expresión de prestigio y poder. El hallazgo encaja con la imagen de una comunidad compleja y jerarquizada en la que el ritual funerario tenía un fuerte componente simbólico.
Además, la configuración del peinado, las trenzas y los tirabuzones ayudan a comparar esta imagen con otras figuras conocidas. Así se pueden afinar las cronologías y las conexiones culturales entre distintos centros iberos del sureste peninsular.
Estudio arqueométrico e investigación universitaria
La Universidad de Murcia ha puesto en marcha un estudio arqueométrico e interdisciplinar de la pieza. El objetivo es determinar con precisión la composición de la piedra y comprobar si conserva restos de pigmentos que indiquen una posible policromía original.
Los resultados de estas analíticas servirán para precisar las características técnicas de la escultura y reconstruir mejor su contexto original. La UMU ha avanzado que los datos formarán parte de futuras publicaciones científicas sobre Libisosa y la escultura ibera.
La universidad coordina científicamente el proyecto arqueológico de Libisosa desde 2019, aunque su relación con el yacimiento comenzó en 2013. Ese año se incorporaron por primera vez estudiantes del Grado en Historia a las campañas de excavación, que desde entonces han combinado investigación y formación práctica.
El proyecto está dirigido por Héctor Uroz, junto a José Uroz, catedrático jubilado de la Universidad de Alicante e iniciador del proyecto en 1996, y Guillermo Trenchs, investigador predoctoral de la UMU. El equipo integra especialistas de distintas etapas históricas y disciplinas.
En la actual campaña han visitado el Parque Arqueológico el vicerrector de Investigación y Transferencia de la UMU, Christian de la Fe, y el vicerrector de Comunicación y Divulgación Científica, Pedro Hellín. Durante el recorrido, acompañados por el profesor Héctor Uroz, han conocido de primera mano las características de la escultura y los principales avances de los trabajos arqueológicos.
La campaña de este año también ha permitido completar uno de los elementos arquitectónicos más destacados de la ciudad romana: la escalinata monumental que comunicaba el decumano con el foro. A los cuatro peldaños superiores que ya se conocían se han sumado ahora otros seis escalones descendentes.
Este hallazgo arquitectónico permite comprender mejor las dimensiones y la monumentalidad de este acceso, que posiblemente estuvo cubierto en su origen. Además, ayuda a reconstruir la organización del espacio público en la ciudad romana y su relación con las fases iberas anteriores.
Los trabajos en Libisosa reúnen a investigadores de las universidades de Murcia, Alicante, Valencia, Barcelona, Cádiz y Madrid. El proyecto cuenta con financiación de la Viceconsejería de Cultura de Castilla-La Mancha, el Instituto de Estudios Albacetenses de la Diputación de Albacete y el Ayuntamiento de Lezuza.
En la campaña participan también técnicos arqueólogos, personal contratado por el consistorio y estudiantes del Grado en Historia de la Universidad de Murcia. Para estos últimos, el yacimiento se ha convertido en un laboratorio al aire libre donde completan su formación con trabajo práctico sobre el terreno.

