Seis de cada diez personas mayores en España ha reducido o incluso interrumpido su consumo de noticias ante el exceso de información negativa, con el objetivo de proteger su bienestar emocional frente al estrés y la sensación de impotencia. Al mismo tiempo, casi siete de cada diez afirma haber recibido noticias falsas, pero un 42,7% rechaza la utilidad de realizar cursos de alfabetización y capacitación digital para combatir los bulos.
Estas son algunas de las principales conclusiones del estudio nacional ‘Consumo mediático e inclusión digital en los adultos mayores’, elaborado por el Grupo de Investigación en Comunicación, Política e Imagen (GICOMPI) de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM). La investigación se ha presentado coincidiendo con la celebración este 1 de octubre del Día Internacional de las Personas Mayores y analiza tanto los hábitos informativos como la brecha digital en la población senior.
El trabajo de campo se ha realizado a partir de 803 entrevistas telefónicas (metodología CATI) efectuadas entre el 10 y el 25 de junio de 2026. Todas ellas se han dirigido a personas de 65 años o más. El cuestionario se ha aplicado a 456 mujeres, de las que 211 tenían entre 65 y 74 años y 245 superaban los 75 años, y a 347 hombres, con 188 encuestados entre 65 y 74 años y 159 mayores de 75 años.
WhatsApp, canal masivo pero poco fiable
El estudio coordinado desde la Región de Murcia sitúa a WhatsApp como el principal canal digital de consumo habitual de noticias entre los mayores, con un uso del 62,1%. Esta preeminencia no implica, sin embargo, una alta confianza en los contenidos que circulan por la aplicación.
Solo un 9,3% de las personas encuestadas declara confiar mucho en la información que recibe a través de WhatsApp. Pese a ello, un 35,1% reconoce que comparte noticias por esta vía sin comprobar previamente su veracidad. Esta combinación de baja confianza y difusión irreflexiva favorece la circulación de bulos en un colectivo especialmente vulnerable a la desinformación.
Para verificar informaciones relevantes recibidas por redes sociales o aplicaciones de mensajería, el 29,8% de los participantes en la investigación recurre a los medios de comunicación tradicionales. Además, un 27,1% asegura que contrasta esos datos con su entorno familiar o cercano, lo que refuerza el papel de la familia como filtro informativo para los mayores.
En la escala de confianza mediática, que va de 1 a 5 puntos, la radio se ha situado como el medio con mayor credibilidad para este grupo de edad, con una puntuación media de 4,1. Le siguen la televisión, con 3,8 puntos, la prensa escrita, con 3,7, y las redes sociales, a bastante distancia, con 3,2 puntos.
A la hora de otorgar credibilidad a una información, los encuestados priorizan factores profesionales por encima de la afinidad ideológica. El 46,6% señala que valora sobre todo la claridad explicativa de la noticia. Otro 31,0% destaca la reputación del periodista o del medio de comunicación como criterio principal, mientras que la coincidencia o afinidad ideológica solo pesa para el 15,4%.
Brecha digital interna a partir de los 75 años
La investigación dirigida por los docentes de la UCAM José Manuel Noguera Vivo y Beatriz Correyero ha detectado además una acusada brecha generacional interna dentro del propio colectivo senior a partir de los 75 años. Esta fractura se aprecia tanto en la disposición a formarse como en el grado de conexión digital.
En el grupo de 65 a 74 años, el rechazo a realizar cursos de formación digital se sitúa en el 36,6%. Sin embargo, entre las personas mayores de 75 años este porcentaje asciende hasta el 48,8%. Es decir, casi la mitad de los más veteranos considera que estos programas de alfabetización y capacitación digital no les resultan útiles, a pesar de que han estado expuestos a desinformación.
La diferencia también es notable en la relación con las plataformas digitales. Entre los 65 y 74 años, la desconexión total de estos entornos alcanza el 8,5%. En cambio, en el grupo de edad superior a los 75 años, la desconexión absoluta se dispara hasta el 30,9%, lo que evidencia una brecha digital creciente conforme avanza la edad.
Según refleja el estudio, este distanciamiento de los entornos digitales convive con la preocupación por el impacto emocional de las noticias. Muchos mayores han optado por reducir el consumo informativo para proteger su salud mental, pero al mismo tiempo mantienen hábitos que facilitan la circulación de bulos y muestran reticencias a aprovechar herramientas formativas que podrían ayudarles a detectar la desinformación con mayor facilidad.

